Olor a humanidad – Curiositatibus

Olor a humanidad

Todos tenemos un aroma único que depende de la genética, la dieta y hasta del sentido del humor. Ahora, los científicos tratan de imitarlo

Cuántas veces hemos oído eso de “aquí apesta a humanidad” 

Pero ¿a qué huele la humanidad? ¿A qué huele un ser humano? ¿Cuantos olores puede percibir el ser humano?

Si nos fiamos del infalible olfato de Jean-Baptiste Grenouille, el protagonista de ‘El perfume’, la novela de Patrick Süskind :

“Casi siempre los seres humanos tenían un olor insignificante o detestable. El de los nińos era insulso, el de los hombres consistía en orina, sudor fuerte y queso, el de las mujeres en grasa rancia y pescado podrido”.

Una descripción que, por mucho que nos duela, se ciñe bastante a nuestra “pestilente” realidad. Y no pienses, tras haberte olisqueado y no percibir nada, que estás libre de culpa y que no tengo mal olor corporal. Lo que sucede es que los receptores olfativos de la nariz, a fin de no verse saturados por un olor persistente, están preparados para dejar de percibirlo al cabo de un minuto. Lo cual viene muy bien para no marearse con los efluvios propios, pero es un inconveniente para hacer vida social ya que el mal olor corporal es causa común de rechazo.

Uno para cada ocasión


En sentido estricto, no existe una essence absolue (un olor absoluto) del ser humano, entendida como una fragancia común a todos los hombres. Al contrario. No es solo que cada individuo tenga un olor único, personal e intransferible, es que no hay dos días que el mismo sujeto repita fragancia. El olor corporal-aquí-y-ahora de cada persona depende de numerosos factores: carga genética, condiciones ambientales, dieta, higiene diaria, edad, entorno en que se mueve, cómo va vestido, el humor con que se ha levantado, el grado de nerviosismo y excitación, etc.

Todos ellos actúan sobre el olor corporal por tres vías: su efecto sobre el grado de sudoración, su influencia en la respuesta hormonal, que a su vez determina la respuesta de las glándulas sudoríparas, y su contribución a las sustancias excretadas a la piel. No obstante, lo anterior tampoco significa que nuestra esencia no tenga nada en común con la del resto de la Humanidad. De hecho, nuestras fragancias comparten muchos ingredientes. Aunque al mismo tiempo también incorporan algunos otros exclusivos.

 

Un ‘Perfume’ basado en hechos reales


Junto a su asombroso, por agudísimo, sentido de olfato, el otro rasgo que hace único al protagonista de ‘El perfume’, Jean-Baptiste Grenouille , es la ausencia total de una esencia propia: no huele a nada (es la razón que le lleva a convertirse en un asesino en serie). Un rasgo que, por sorprendente que resulte, no es tan escabellado.

La explicación mas probable es que Jean-Baptiste padeciese displasia ectodérmica. Esta extrańa anomalía genética se caracteriza por la ausencia parcial o total de glándulas sudoríparas y, por consiguiente, de la capacidad de producir sudor, uno de los dos ingredientes imprescindibles para la formación del olor corporal (como se explica en este reportaje). Además, la displasia ectodérmica lleva asociados otros síntomas externos, como malformaciones en los dientes, reducción de la pigmentación de la piel, uńas anormales, caballete nasal muy bajo y escasez de cabello (¿quién dijo que no era descabellado?).

Todo lo cual encaja muy bien en la descripción que se ofrece del personaje como un ser grotesco, deforme y repulsivo.

Fuente: Quo.es

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