Las Trampas de la Memoria – Curiositatibus

Las Trampas de la Memoria

Ups! Se me ha olvidado poner el título del reportaje. ¡Qué desastre!

También me pasa cada día con el coche: nunca sé dónde lo he dejado. Me regalaron un llavero-grabador para registrar el lugar de aparcamiento. Me di cuenta de que no servía para nada; solo por el hecho de haberlo repetido en voz alta me acordaba del lugar al día siguiente. Dice el profesor José María Delgado, de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, quien acaba de publicar una investigación en Science, que recordar es evocar:

Y para un fisiólogo, también es lo mismo que aprender, una idea muy platónica. Un biólogo molecular lo negaría, para ellos todo tiene que quedar almacenado en una modificación química. Pero bajo el punto de vista de la Fisiología, tiene sentido: el aprendizaje y la memoria son cambios de estado, como lo es pasar de despierto a dormido. 

Así, evocando el sonido de mi voz y mis sensaciones consigo encontrar por fin el coche. Cuando luego vuelvo a aparcarlo y repito a gritos el lugar, la gente me mira extrañada y huyo, pero al llegar al portal de mi casa, me asalta una duda: ¿habré apagado las luces? Sufro la llamada amnesia anterógrada, la que tiene el personaje de Dori en la película Buscando a Nemo, que no recuerda lo que acaba de hacer justo antes. 

Parece que todo se me pierde en el hipocampo, una estructura cerebral relacionada con las emociones. Cuando se acumulan ahí, las hormonas del estrés inhiben el crecimiento de neuronas en las que se asientan los nuevos recuerdos. El aumento de la corticosterona que se produce en el cerebro de las ratas cuando las privamos del sueño coincide con que no crecen nuevas células nerviosas, dice la neuróloga Elisabet Gould, de la Universidad de Princeton, una de las autoras de un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences.

El estrés no es lo único que puede dejar inservible mi hipocampo; la benzodiazepina (un medicamento) y el alcohol en grandes cantidades causan iguales estragos. Por investigaciones en el mismo campo (o sea, en el hipocampo) le dieron el premio Nobel de Fisiología y Medicina a Eric Kandel en el año 2000. Este austríaco-americano describió los mecanismos moleculares de la sinapsis (la comunicación química entre las neuronas) utilizando como modelo a una babosa de mar, la Aplysia californica, y demostró que los cambios en la función sináptica desempeñan un papel básico en la generación de memoria a corto plazo.

 

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