¿Por qué me canso? – Curiositatibus

¿Por qué me canso?

La fatiga no tiene nada que ver con el agotamiento muscular,  es una respuesta emocional que empieza en el cerebro.

Hace 70 años, cuando alguien estaba cansado lo más normal es que tuviera tuberculosis. Hoy, suele ser un síntoma trivial, aunque es de lo que más nos quejamos. Dos de cada tres españoles reconocen cansarse más de lo habitual. Pero, ¿por qué nos cansamos?

La últimas investigaciones incorporan un enfoque novedoso: quizá, el agotamiento esté sólo en nuestra cabeza. Hasta ahora se creía que la fatiga se originaba en los propios músculos, es decir, que nos cansamos cuando estos alcanzan un límite físico: se quedan sin combustible, sin oxígeno y se ahogan en sustancias tóxicas derivadas del metabolismo.

Es lo que los fisiólogos bautizaron como la teoría de las limitaciones. Pero los profesores de la Universidad de Ciudad del Cabo (República Sudafricana) Timothy Noakes y Alan Saint Clair Gibson la han puesto en entredicho.

En su opinión, la fatiga no tiene nada que ver con las señales de agotamiento que lanzan los músculos, sino que es una respuesta emocional que empieza en el cerebro. La teoría del gobierno centralizado que han elaborado defiende que el cerebro, por medio de una combinación de pistas fisiológicas, subconscientes y conscientes, ajusta el ritmo de trabajo de los músculos para mantenerlos por debajo del límite de la extenuación. Cuando el cerebro decide que hay que abandonar la tarea, crea esa sensación de agotamiento que interpretamos como una fatiga muscular insoportable.

 

Configuración cerebral


Timothy Noakes empezó a desarrollar su teoría al participar en un maratón. A 20 kilómetros de la meta, al dar una curva, vio una pronunciada pendiente, cuya existencia ignoraba. El efecto fue inmediato: antes de empezar a subirla, comenzó a sentirse terriblemente cansado.

La carrera le hizo plantearse una pregunta: ¿por qué el mero hecho de pensar en ella le había hecho cansarse tanto? Algo parecido se cuestiona mucha gente. Si los niveles de glucosa y oxígeno en la sangre en dos personas, los ritmos de generación y pérdida de calor, y el ritmo al que trabajan sus músculos es normal, ¿por qué una se cansa y otra está pletórica? ¿Tiene la ciencia una respuesta? 


La solución es parcial. Sabemos que las personas que andan más arrastradas por la vida responden a un perfil bastante definido. Javier Lavilla, internista de la Clínica Universitaria de Navarra, los describe como personas con una capacidad ilimitada de exigencia consigo y con quienes les rodean, que viven pasados de revoluciones; a diario, en su trabajo, y el fin de semana, en su ocio. Están siempre a tope, son personas competitivas, perfeccionistas e hiperactivas cuyo ritmo de vida suele desembocar en un síndrome de agotamiento psicosomático, con alteraciones de la memoria, astenia, hipersensibilidad e hipersomnia diurna. En  estadios avanzados, aparecen crisis de angustia, alteraciones de conducta, producción anormal de ideas, cuadros obsesivos

Predisposición


Puede decirse que hay algo en la configuración cerebral de estas personas que las predispone al cansancio. Nolasc Acarín, neurólogo del Vall dHebrón de Barcelona, apunta esta tesis en su libro El cerebro del rey. Entre las personas sin ansiedad, la actividad metabólica del cerebro se mantiene equilibrada entre hemisferios derecho e izquierdo, pero en personas ansiosas, el hipocampo de un lado empieza a funcionar de forma desincronizada: De forma que, al examinar con una cámara de positrones, se observa un gran aumento de la actividad metabólica.

No sólo eso: También se ha detectado que su cerebro trata de forma anómala los corticosteroides que han sido secretados como consecuencia de una reacción de estrés frente a las respuestas emocionales, según Acarín.
Las personas ansiosas son más vulnerables al estrés, y tienen más dificultad para metabolizar los corticosteroides que este estimula, de manera que les provocan una reacción desproporcionada: se altera la tensión arterial, aparece la sensación de agobio, la incapacidad para afrontar problemas y la sensación de debilidad; es decir, el cansancio. Si a esta situación de estrés se le une una personalidad de base lábil e insegura, el resultado es un descenso del umbral de resistencia; la persona con estas características se agota mucho antes que el resto, apunta Javier Lavilla.


Como sostienen Noakes y Saint Clair, el proceso que lleva a la fatiga no se parece a lo que pasa en un coche cuando se queda sin gasolina. El cansancio no tiene relación con el ácido láctico, la sustancia que se segrega cuando se hace ejercicio y cuya formación se cita como una de las causas del cansancio. Cuando los participantes en experimentos entrenaron en una cámara de descompresión diseñada para simular altitudes elevadas, se cansaron, aunque los niveles de ácido láctico permanecieran bajos. Y el contenido de oxígeno de la sangre tampoco descendió como para que no pudieran moverse.

Otro factor que apoya esta teoría es el hecho de que los músculos no llegan a quedarse sin sustancias vitales. Con la ayuda de biopsias  musculares, se ha demostrado que los niveles de glucógeno, que es el combustible básico de los músculos, y ATP, el componente químico que  utilizan para el almacenamiento temporal de energía, descienden con el  ejercicio, pero no tocan fondo. Incluso al finalizar un maratón, los niveles de ATP están entre el 80 y el 90% de la cantidad en estado de reposo. En definitiva, es posible que el agotamiento esté sólo en nuestra cabeza o tenga en ella su origen.

Pero esto no quiere decir que la capacidad física de nuestro cuerpo sea ilimitada, y que apenas necesite mecanismos para recuperar la energía perdida.

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