La extinción de la humanidad. Consecuencias para la Tierra. – Curiositatibus

La extinción de la humanidad. Consecuencias para la Tierra.

Imaginemos que ocurriría si de repente la humanidad desapareciera. ¿Podría el planeta recuperarse de los cambios que le hemos efectuado? ¿Dejaríamos algún tipo de marca que perdure durante siglos?

Mal que nos pese, no somos ni de cerca imprescindibles para el funcionamiento del planeta. Más bien, todo lo contrario: sin nosotros, la tierra recuperaría mucho de su antiguo esplendor.

Según un extraordinario documental de History Channel , en el que participaron ingenieros, botánicos, ecologistas, biólogos, geólogos, climatólogos y arqueólogos, solo unos días después de que hayamos desaparecido, el 90% de nuestras máquinas, centrales nucleares y servidores de Internet incluidos se apagarían. Al interrumpirse el servicio de gas y electricidad, la calefacción de nuestras casas dejaría de funcionar.

 

En apenas unas semanas después, el planeta estaría completamente a oscuras por las noches. La comida se pudriría y muchos animales dependientes de los humanos morirían por falta de cuidados o por su incapacidad de adaptación. Como ejemplo, se calcula que hay 400 millones de perros en nuestro mundo; la gran mayoría morirían porque muchos serían incapaces de cazar para poder comer y serían presa fácil de otros depredadores.

Treinta días después de que haya desaparecido la humanidad, las cucarachas estarían en problemas graves ya que son insectos tropicales y han logrado su increíble número gracias al cobijo que le proporcionan nuestras viviendas. Sin nosotros, serian presas del frío. No se extinguirían pero su número se reduciría de forma importante.

Sin embargo, casi todos los gatos sobrevivirán y se multiplicarán gracias al alimento proporcionado por las aves y ratas de las ciudades. Eventualmente, más tarde emigrarían a los espacios abiertos.

Al año, la naturaleza comenzará a reclamar su sitio en las ciudades. Las calles  se irán cubriendo de vegetación , y las fachadas brindaran soporte a las enredaderas que en pocos años terminaran por derribarlas. Las rutas y caminos comenzarán también a cubrirse de una alfombra verde hasta desaparecer en unos 10 años.

La mayoría de los edificios se convertirían en auténticas ruinas en poco más de un siglo, salvo las grandes obras de la ingeniería moderna, como la Torre Eiffel y el Golden Gate de San Francisco. Muchas de estas estructuras están diseñadas de tal forma que podrían durar hasta tres mil años, pero, al no existir nadie que se ocupe de su mantenimiento, su destrucción se produciría mucho antes. Las tormentas y temblores de tierra provocarían un desgaste efectivo, de tal forma que en solo 300 o 400 años se vendrían abajo. Eso sí, las ruinas sobrevivirían aún varios miles de años.

Diez mil años más tarde, un lapso de tiempo que es solo un parpadeo en la escala cósmica, solo un arqueólogo con mucha experiencia seria capaz de reconocer la mano del hombre en algunos restos que, eventualmente, pueda desenterrar de entre la maleza. Pensemos que estructuras como las pirámides mayas, totalmente construidas en piedra y mucho mas “jóvenes”, han sido duramente castigadas por el paso del tiempo. De hecho, la mayoría de las que vemos en fotos o documentales han sido reconstruidas de una u otra manera.

Al cabo de cincuenta mil años, según explica Ronald Cheeser (biólogo de la Universidad de Texas), los residuos de plástico se terminan de descomponer. Tampoco los residuos radioactivos acumulados en los cementerios atómicos serían eternos, y se calcula que el 95% (los llamados residuos de actividad media) se desintegrarían en tres mil años. El mayor problema lo constituirían los residuos de actividad alta; solo son el 1% del total, pero podrían tardar casi doscientos mil años en desaparecer del todo (aunque hay quien cree que pueden durar dos millones de años).

Además, serían necesarios diez mil años para que desaparecieran los últimos iones del dióxido de carbono acumulado en la atmósfera y que el aire volviera a ser puro.

Está claro la tierra está mejor sin nosotros.

 

Fuentes: Neoteo, Quo

 

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